El gobierno de Donald Trump prepara nuevas sanciones contra otro banco como parte de su estrategia para aumentar la presión económica sobre Irán y limitar las instituciones financieras que mantienen operaciones con Teherán.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, confirmó que Washington contempla imponer las nuevas medidas durante esta semana, en un intento por profundizar el aislamiento financiero de la República Islámica.
“Será violencia financiera si tenemos que hacerlo”, advirtió el funcionario, al referirse a la posibilidad de ampliar las sanciones contra instituciones y países que continúen realizando operaciones comerciales con Irán.
La estrategia busca presionar a los gobiernos que mantienen relaciones económicas con Teherán para que reduzcan o suspendan sus vínculos financieros, bajo la amenaza de perder acceso al sistema financiero estadounidense.
China, uno de los principales focos de presión
Uno de los principales desafíos para Washington es China, debido a que es el mayor socio comercial de Irán y uno de sus principales compradores de petróleo.
Bessent señaló que todas las opciones permanecen sobre la mesa respecto a posibles medidas contra Beijing, aunque rechazó que Estados Unidos tenga temor de enfrentarse con el gobierno chino.
El funcionario tiene previsto abordar el tema con representantes de otras economías durante la reunión del G20 en Asheville, Carolina del Norte.
La administración estadounidense también ha comenzado a aplicar medidas contra instituciones financieras vinculadas con las operaciones iraníes.
Entre las acciones recientes se encuentra la decisión de restringir el acceso al sistema financiero estadounidense de las sucursales en Emiratos Árabes Unidos de Banque Misr, banco estatal egipcio señalado por Washington por sus vínculos financieros con Irán.
La medida forma parte de una campaña más amplia para dificultar que Teherán mantenga sus operaciones comerciales y financieras internacionales.
Estados Unidos busca así aumentar el costo económico para Irán y, al mismo tiempo, advertir a otros países y bancos que continuar realizando negocios con el gobierno iraní podría llevarlos a enfrentar sanciones estadounidenses.
La estrategia ocurre en medio de la escalada de tensiones entre Washington y Teherán y mientras la administración Trump intenta utilizar la presión económica como una de sus principales herramientas contra Irán.







