Estados Unidos e Irán intercambiaron ataques militares durante la noche de este lunes, rompiendo una tregua de un mes que había mantenido una tensa calma en la región de Medio Oriente.
La reanudación de las hostilidades pone en evidencia las dificultades para concluir el conflicto armado iniciado a finales de febrero de 2026 por la administración del presidente Donald Trump en alianza con Israel.
El mando militar de Estados Unidos confirmó que ejecutó un bombardeo estratégico contra posiciones de las fuerzas iraníes en la isla de Larak. Según el reporte oficial estadounidense, las tropas de Teherán se preparaban para desplegar cohetes armados con minas hacia el Estrecho de Ormuz, una vía marítima clave para el comercio internacional de hidrocarburos que permanece bloqueada por fuerzas iraníes.
Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán informó que la agresión dejó personas fallecidas y heridos, aunque no precisó la cifra exacta de víctimas ni la magnitud de los daños materiales en la isla.
En respuesta al bombardeo estadounidense, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán lanzó un ataque coordinado con proyectiles y drones hacia instalaciones militares en Jordania y los Emiratos Árabes Unidos que albergan a personal del ejército norteamericano.
Jordania: Las autoridades de defensa informaron la interceptación de ocho misiles en su espacio aéreo antes de que impactaran en territorio nacional.
Emiratos Árabes Unidos: Las fuerzas armadas locales reportaron la neutralización de un dron proveniente de territorio iraní.
Ninguna de las dos naciones reportó víctimas ni daños materiales derivados del ataque de respuesta.
El choque armado pone fin al periodo de contención que la Casa Blanca había implementado tras la postura de moderación solicitada por aliados regionales como Arabia Saudita y las inquietudes sobre las reservas de munición estadounidenses.
A pesar de la firma de un memorando de entendimiento a finales de junio de 2026, la vía diplomática colapsó a las pocas semanas, manteniendo la incertidumbre sobre el flujo energético internacional en el Estrecho de Ormuz y la estabilidad de la región.







