El derrame de hidrocarburos que afecta a habitantes y fauna del Golfo de México ha desatado preocupación ambiental y de seguridad energética; las satelitales revelan que las manchas son superiores a los 50 kilómetros y la operación de una embarcación que navegaba con el sistema de identificación desactivado.
Aunque las autoridades han reconocido anomalías, aún no se ha identificado un responsable claro.
De acuerdo con registros de la organización SkyTruth, la mancha, de entonces 53 kilómetros, se pudo observar desde el 14 de febrero, asociada a la trayectoria de un buque de aproximadamente 410 metros de eslora que operaba sin transmitir su señal AIS (Sistema de Identificación Automática), una práctica común en embarcaciones de actividades ilícitas.
Especialistas del sector energético y trabajadores de Pemex consultados mencionan que este patrón es propio de operaciones de robo de hidrocarburos en el mar, las naves que apagan deliberadamente sus sistemas de rastreo para evitar ser detectadas mientras transfieren o sustraen crudo.
Cómo opera el robo de hidrocarburos en altamar
En la Sonda de Campeche, núcleo de la producción petrolera mexicana, se han registrado incursiones de embarcaciones irregulares denominadas “dark vessels”, que aprovechan el intenso tráfico marítimo y la infraestructura petrolera para encubrir actividades ilegales.
En el periodo del 6 al 10 de febrero se reportaron manchas de hidrocarburo en plataformas de Abkatún e instalaciones cercanas a Dos Bocas. Los trabajadores confirmaron la presencia de crudo sin que se identificara fuga en la infraestructura, lo que refuerza la hipótesis de un vertimiento externo. Las corrientes marinas arrastraron el hidrocarburo hacia costas de Veracruz y el sur de Tamaulipas, esparciendo derrame.
La presunta embarcación delincuente y las operaciones ilícitas
El secretario de Marina, Raymundo Morales, reconoció que la embarcación operaba sin AIS, pero aseguró que aún no se determina su responsabilidad. El almirante explicó que en la región existen manchas naturales de hidrocarburos provenientes de chapopoteras, aunque admitió que recientemente se ha observado un incremento inusual, lo que ha obligado a descartar fallas estructurales en instalaciones con inspecciones submarinas.
Sin embargo, la postura oficial presenta inconsistencias: se reconoce la dificultad de identificar al buque responsable entre al menos 13 embarcaciones presentes en la zona, y al mismo tiempo se solicita cooperación internacional para inspeccionar navíos que ya abandonaron aguas mexicanas, lo que complica la aclarar el incidente.
El uso del AIS es obligatorio a nivel internacional para garantizar seguridad y transparencia en la navegación. Su desactivación coloca automáticamente a una embarcación en categoría de riesgo. En este caso, tres factores refuerzan la sospecha:
- Navegación con AIS apagado
- Estela de hidrocarburo alineada con la trayectoria del buque
- Ausencia de fallas confirmadas en plataformas cercanas
Además, la detección de una segunda mancha de aproximadamente 50 kilómetros en la misma región sugiere que no se trata de un hecho aislado, sino de una operación sistemática o de múltiples vertimientos.
Daño ambiental y vacío de control
Este suceso vulnera al medio ambiente que rodea al Golfo de México, pues los derrames se expanden rápidamente sin contención inmediata además de las limitaciones en la vigilancia marítima y la falta de coordinación internacional para identificar y sancionar a embarcaciones que operan en la clandestinidad.
De confirmarse que el buque apagó deliberadamente su sistema de rastreo, el caso no sólo sería un incidente ambiental, sino una prueba de red de huachicol marítimo en una zona estratégica de energía para el país.
Hasta el momento, el derrame sigue sin un responsable identificado, mientras la mancha continúa expandiéndose en aguas del Golfo, afectando a especies marinas, turismo y habitantes de las costas.

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